domingo, 10 de mayo de 2009

La muerte de Alvaro Fayad, comandante en jefe del M-19

Durante toda la semana el M-19 volvió a copar la atención del país. Primero por una audaz acción militar emprendida a las puertas mismas de Cali, donde unos trescientos guerrilleros -según fuentes militares- se enfrentaron con las tropas de la Tercera División en las orillas del Pance, detrás del Club Campestre y de la Universidad San Buenaventura. Los combates se prolongaron durante tres días del miércoles 12 a la madrugáda del sábado, y continuaban todavía al cierre de esta edición.

 Amplias zonas de Cali estaban militarizadas mientras las tropas, respaldadas por tanques y helicópteros artillados, luchaban contra los guerrilleros provistos de armamento moderno que incluía ametralladoras pesadas. No estaba muy claro todavía el número de bajas. Al parecer, diez muertos del lado del Ejército, incluyendo un teniente y siete suboficiales, y numerosos heridos.

 Del lado del M-19 las cuentas eran aún más confusas, pues el número de muertos variaba con cada fuente militar consultada: veintidós, treinta y cinco, o más de cuarenta. Sólo siete cadáveres, sin embargo, habían sido objeto de la habitual exhibición para los fotógrafos, así como un importante arsenal recuperado por las fuerzas militares.

Pese a la gravedad de la situación en Cali -no es usual que un enfrentamiento con la guerrilla se prolongue durante tres días, y lo es menos aún que se dé casi en plena ciudad- todo eso se vio opacado por la noticia del jueves por la noche en Bogotá: la muerte de Alvaro Fayad, comandante general del M-19. Tampoco ahí, sin embargo, estaban muy claras las cosas, y era notable el hermetismo de las autoridades militares. Habían anunciado para la mañana del viernes una rueda de prensa con la Policía, pero fue cancelada con la lacónica explicación de que "continuaban los operativos".

 La prensa sólo tuvo acceso a informaciones fragmentarias, según las cuales una llamada anónima denunció a la Policía la presencia del jefe guerrillero en un apartamento del barrio Quinta Paredes, cercano a la Ciudad Universitaria. Agentes del GOES cercaron la zona, algunos, haciéndose pasar por empleados de la Energía, cortaron la luz en el sector, y dieron el asalto a las siete y media de la tarde del jueves. Fayad, al parecer, se defendió a tiros de ametralladora, hiriendo a un capitán y un agente, y fue dado de baja. Con él murió la esposa del dueño del apartamento, el compositor Raúl Rosero.

No se permitió a los periodistas presenciar la salida de los cadáveres en un furgón cerrado. Tampoco se había permitido que el juez 80 de Instrucción Criminal, doctor Godoy Espinel, hiciera la diligencia del levantamiento de los cadáveres. Durante más de veinticuatro horas, hasta las nueve de la noche del viernes, nadie los pudo ver, lo cual hizo que se tejieran toda suerte de especulaciones. Que habían quedado totalmente desfigurados a balazos. Que el muerto no era Fayad. 

Que sí era, pero que había sido capturado vivo. Finalmente, el Noticiero Nacional de la televisión recibio de las autoridades unas fotografías del cadáver de Fayad en el anfiteatro de Medicina Legal, que mostró en pantalla y fueron reproducidas en la prensa del día siguiente, al parecer con orificios de bala en la boca y la frente. SEMANA intentó infructuosamente obtener algún dictamen técnico de los funcionarios de Medicina Legal, cuyo hermetismo es total. El cadáver de María Cristina de Rosero fue entregado a su familia, pero el de Alvaro Fayad siguió en la morgue en espera de la autopsia.

Tampoco fueron muy explícitas las informaciones sobre los nuevos operativos. Hubo numerosos allanamientos y detenciones en Bogotá, algunas fuentes militares hablaron de una reunión en la capital de la Coordinadora Nacional Guerrillera, para la cual habria venido desde Cali el comandante del M-19, y el Ministro de Defensa se limitó a decir con cierto misterio que tenía "información cierta" de que Fayad pensaba viajar a Nicaragua, pero no sabía con qué propósito.
En opinión del general Manuel Guerrero Paz, jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Militares, con la muerte de Alvaro Fayad el M-19 queda "desvertebrado". El golpe, efectivamente, es duro. Fayad no sólo era desde hace un año el jefe máximo de la organización, sino que con él suman ya cinco los dirigentes de primera fila que ésta pierde en los ultimos tres años. 

Primero Jaime Bateman, su legendario fundador, que pereció en un accidente de avioneta. Luego Carlos Toledo Plata, cuyo asesinato en Bucaramanga, la vispera de la firma de la tregua, todavía no ha sido esclarecido. Luego Antonio Navarro Wolf, quien no murio pero perdió una pierna en un atentado en Cali en plena tregua, que tampoco se ha aclarado aún. Y luego Iván Marino Ospina, muerto en Cali en combate con el Ejéreito. A ellos hay que sumar los tres importantes dirigentes caídos en el Palacio de Justicia, Luis Otero, Andrés Almarales y Alfonso Jacquin, y el reciente asesinato de Augusto Lara en Bogotá.

Por otro lado, sin embargo, la fuerza militar de la organización es hoy, segun sus boletines, más grande que nunca. La creación del "Batallón América" con guerrilleros ecuatorianos y peruanos, y las acciones de los últimos dos meses en el norte del Cauca y el sur del Valle con su culminación en el asalto a Cali, todo un proceso que el M-19 llama "campaña Paso de Vencedores", muestra que esa fuerza existe, pese a los constantes partes de victoria del Ejército. Según estos, desde los combates de Morales, Cauca, el 3 de febrero, ha habido no menos de 180 guerrilleros muertos.

Pero tampoco se ha hecho -como en Pance- la tradicional exposición de los cadáveres, y el M-19 asegura por su parte no haber sufrido en este tiempo sino seis bajas mortales. Sin contar, desde luego, las más recientes de Cali. Ni, obviamente, la muerte de Alvaro Fayad.

Esta no es una baja más. Fayad era, desde la desaparición de Bateman, la cabeza política del movimiento; y desde hace un año, tras la destitución de Ospina como jefe máximo, también su cabeza militar. Era el "hombre de la unidad", como fue calificado por el propio Ospina en el momento del relevo. 

Y aunque no parecen auténticas, sino concebidas por los servicios de la inteligencia militar, las recientes "proclamas" firmadas por el comandante Boris contra Carlos Pizarro y contra el mismo Fayad, que implicarían una división interna, sí es evidente que desaparecido Fayad las posibilidades de que ésta ocurra aumentan. Si no dentro del propio M-19, sí, al menos, dentro de la Coordinadora Nacional Guerrillera, que por primera vez en la historia de la guerrilla colombiana habia empezado a lograr la unificación de grupos armados hasta entonces rivales y la veces enemigos: el EPL, el ELN, el Quintin Lame, los pequeños Paltria Libre y PRT,. y el propio M-19.

"EL TURCO" FAYAD 

"El turco", como llamaban sus compañeros a Alvaro Fayad Delgado, había nacido en Ulloa (Valle), el 24 de julio de 1946. Su juventud la vivió en Cartago y estudió el bachillerato en el Seminario de Santa Rosa.
En 1965 ingresa a la Universidad Nacional a estudiar sicología, allí conoce a Camilo Torres y se hacen amigos pero no comparten la misma militancia. Mientras el sacerdote se va para el ELN, Fayad ingresa a la Juventud Comunista y allí se encuentra con Jaime Bateman, de quien diría "cambió el rumbo de mi vida".

 Con Bateman ingresan a las FARC en donde permanecen hasta finales de 1969, cuando deciden con otros compañeros ingresar a la Anapo y luego conformar el M-19, a raíz de la discutida derrota electoral del general Rojas Pinilla en 1970.

En 1974, el 27 de enero participa en el robo de la espada de Bolívar, acción que dio a conocer al M-19 y que simbolizaba el nacionalismo y la adopción del pensamiento bolivariano, como las banderas de este grupo. Acciones espectaculares como esta fueron llevadas a cabo por el M-19 en los años posteriores; sin embargo, los reveses no se hicieron esperar. 

El espectacular robo de las armas del Cantón Norte, llevó a la gran mayoría de dirigentes del M-19 a la cárcel. Fayad no escapó. Su detención se produjo 10 meses después de caer la mayoría de sus compañeros. Es juzgado junto a 219 miembros del M-19 en un Consejo Verbal de Guerra, donde asume su propia defensa, denunciando, como aparece en el libro "Las guerras de la paz" de Olga Behar, las torturas a que fueron sometidos él y sus compañeros. Es condenado por el Tribunal Militar a 26 años de cárcel, de la que escapa gracias a la amnistía concedida por el gobierno de Betancur.

Mandatario con el que tendria varios encuentros, como el de octubre de 1983 en Madrid (España), a fin de iniciar un debatido proceso de conversaciones y negociaciones de paz, que terminaron en un acuerdo firmado en Corinto en agosto de 1984. En todo este proceso Fayad jugo un papel muy importante no sólo dentro de su organización sino con otros grupos guerrilleros como el EPL. Se dice que Fayad ante la renuencia del comandante del EPL, Ernesto Rojas, de aceptar siquiera conversar sobre la paz, le dijo: "Hermano, no se olvide que usted y yo somos de Cartago y no podemos quedar mal con nuestro pueblito".

Alvaro Fayad, había asegurado varias veces que moriría a causa de su inseparable compañera: una vieja úlcera que regularmente lo hacia padecer de fuertes dolores estomacales y vómitos de sangre. Pero no, ella le fue fiel. Fue una o muchas balas, a las que tantas veces había escapado, las que finalmente cegaron su azarosa vida.

4 comentarios:

  1. Solo hasta ahora me doy cuenta de la enorme capacidad de este colombiano. Un pais que mata sus mejores hijos que tipo de pais es ?

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  2. Un gran pensador ... al igual que su maestro Jaime Bateman Cayon

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  3. El que a hierro mata, a hierro muere. Fayad escogio su destino y su final.

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