domingo, 10 de mayo de 2009

CITA EN MADRID

Una serie de incidentes novelescos precedieron el encuentro entre B.B. y los dirigentes del M-19 que estuvo a punto de frustarse por una infidencia



El encuentro en Madrid que tanta resonancia ha tenido, no surgió de la noche a la mañana; estuvo precedido por una sucesión de intentos tanto por parte del gobierno como del M-19. Varios fueron los personajes que se ofrecieron para mediar en este proceso: el senador Germán Bula Hoyos; Monseñor Serna, obispo del Caquetá; miembros de la Comisión de Paz y el escritor Gabriel García Márquez.

 De las aproximaciones directas e indirectas que por estas vías se lograron, se tuvo conocimiento del disgusto de Bateman por las dificultades aparentemente insuperables que parecían obstaculizar un diálogo directo con el gobierno y de su permanente preocupación por lograrlo a pesar de todo. Verse con la Comisión de Paz había sido imposible. Se había concertado en Bahía Solano una cita con Otto Morales, el entonces presidente de la Comisión de Paz. A pesar de los altos riesgos que implicaba, Bateman se hizo presente, pero Morales no apareció.

 Este explicaría después que nunca había tenido noticia de la misma. Después de este fracaso, Bateman le hizo saber al gobierno que tras tanto intento malogrado, sólo quería hablar directamente con el presidente de la República, en primer lugar porque la Comisión de Paz no era un organismo de decisión sino de mediación y, en segundo lugar, porque encontraba que Betancur era el único verdaderamente interesado en resolver el problema.

Se presentó entonces una coyuntura favorable. Betancur iría a Nueva Delhi a la Conferencia de los No Alineados y Bateman le hizo saber que si aceptaba estaba dispuesto a hacer el viaje. Se supo que Betancur vio la posibilidad con buenos ojos, pero el encuentro se frustró, porque el Presidente no viajó a la India. En abril, Bateman recibió un mensaje según el cual un funcionario del gobierno lo buscaría en Panamá. Rumbo hacia este encuentro, Bateman encontraría la muerte. El famoso delegado, sin embargo, nunca llegó a Panamá. Todo parece indicar que Bateman habría recibido una información falsa.

El 26 de julio, García Márquez se encontraba en La Habana, invitado al aniversario de la Revolución, donde se enteró de que Alvaro Fayad, segundo en jerarquía dentro del M-19, también se encontraba allí. Como el escritor quería hacerle una entrevista sobre los pormenores de la muerte de Bateman, le hizo saber que quería verlo. Los resultados de esta entrevista fueron publicados en SEMANA No. 70, el primer gran reportaje periodístico de García Márquez después del Nóbel. Por otra parte, este encuentro tenía gran interés, pues por primera vez se sabría si el M-19 había cambiado su posición frente al diálogo tras la muerte de su máximo dirigente.

 Desmintiendo de inmediato esta posibilidad, Fayad le dijo a García Márquez que el primer mensaje de Iván Marino Ospina, el nuevo comandante del movimiento, era: "Hay que continuar con el diálogo". Fayad añadió que Bateman había muerto tratando de hablar con el Presidente y que su último propósito sería respetado. García Márquez le comunicó a Betancur que había buena tónica por parte de los guerrilleros y que el único requisito era la reunión personal con él. Tras esa noticia, el gobierno volvió a abrir canales propios de comunicación con el M-19.

Habitación 1116 


En el vuelo de Avianca el viernes primero de octubre, partió rumbo a México el ministro de Comunicaciones, Bernardo Ramírez, sin hacer su viaje de conocimiento público y sin ningún pretexto aparente (en el mismo avión viajaba el grupo de Teatro de La Candelaria que iba a un festival en Guanajuato). Ni siquiera la Embajada de Colombia estaba enterada de la llegada del Ministro quien se hospedó, como cualquier turista, en el Hotel Camino Real, habitación 1116.

El propósito oculto de su viaje era hacer los arreglos previos para un encuentro posterior del M-19 con Betancur. Según las indicaciones que le habían hecho llegar, el Ministro debía estar en su cuarto el sábado y el domingo a la una de la tarde y a las 7 de la noche, para esperar una llamada que harían pasar a nombre de su hermano Pablo Ramírez. La llamada del sábado no se produjo a la hora esperada, sino a las 4 p. m. Una voz anónima le dijo que no se moviera esa tarde de allí. Una hora después tocaban a la puerta. 

Cuando el Ministro abrió se topó cara a cara con Alvaro Fayad quien se había presentado solo. Hablaron largo, cenaron en el cuarto y acordaron que Fayad e Iván Marino irían a España aprovechando el viaje de Betancur a ese país. Fayad se despidió diciendo que volvería el día siguiente para darle a Ramírez el teléfono a través del cual podrían hacer contacto con ellos en Madrid. El domingo, Fayad en vez de ir, llamó. Ramírez ya le tenía una respuesta afirmativa del Presidente. Acordaron un hotel de cinco estrellas en la capital española, donde habría una persona esperando para precisar la cita con Betancur.

El lunes 4, el Ministro regresó a Bogotá y no pudo entrevistarse con el Presidente quien viajaba el martes a las 8 de la mañana. Sin embargo, Betancur lo despertó a las 4 de la mañana y le pidió que fuera inmediatamente al Palacio de Nariño. Tras escuchar un largo informe de Ramírez sobre la conversación con Fayad, Betancur examinó su agenda y se dio cuenta de que prácticamente no había tiempo en Madrid para verlos, de tal manera que la hora tendría que ser fijada sobre la marcha. En su primer día de estadía tenía un apretado horario que culminaba en una cena con el Rey Juan Carlos. Junto con Felipe González, jefe del Estado español, convinieron que después de la cena sería el mejor momento para el encuentro. El lugar sería el Palacio de El Pardo, antigua residencia de Franco, donde B.B. estaba alojado.

Casi en el mismo momento en que llegaba Betancur al aeropuerto de Barajas, aterrizaba un avión de Cubana de Aviación con Fayad e Iván Marino Ospina a bordo. Minutos más tarde se trasladaron a una casa particular, donde quedaron a la espera de indicaciones precisas.

Todo parecía estar listo para que se produjera, por primera vez, un encuentro histórico entre el Presidente de Colombia y los dirigentes de la segunda fuerza guerrillera del país.

Por un pelo 

Una infidencia estuvo a punto de frustrar nuevamente el encuentro. Días antes de la llegada a Madrid, el jueves 6, mientras Betancur se encontraba en Roma en audiencia con el Papa, a las 7 y 30 de la mañana en Colombia, los oyentes de 6 a.m. 9 a. m. de Caracol se quedaron estupefactos al oír a Yamid Amat anunciando desde Madrid que en esa ciudad Betancur haría un pronunciamiento sobre la paz en Colombia que partiría en dos la historia del país. Esta afirmación, en boca del más prestigioso periodista radial, se convirtió inmediatamente en bomba. A esa hora, el ministro de Comunicaciones, Bernardo Ramírez, quien se dirigía en automóvil a su despacho, oyó la noticia y se llevó el susto de su vida al comprender las implicaciones que tal filtración de información podía tener, en la medida en que los guerrilleros la interpretaran como un peligro para su seguridad, o como un desplante publicitario del gobierno que anticipaba los resultados de la entrevista, utilizándolos como trofeo de caza que añadía una gloria más al viaje del Presidente.

SEMANA se enteró de que, por su parte, dirigentes del M-19 que se encontraban en Colombia interpretaron la noticia como una señal de que el Presidente se había retractado de hacer el encuentro y especularon que la razón podía ser la toma de dos agencias internacionales de prensa, EFE y France Press, llevada a cabo por el M-19 horas antes, con el fin de transmitir a todas partes del mundo un mensaje pidiéndole al gobierno que aplicara en Colombia los mismos postulados de paz que predicaba para otras latitudes.

La noticia de Yamid Amat se regó como pólvora y toda Colombia comenzó a especular. Un flash lanzado por R.C.N. hablaba de la presencia en Madrid de los líderes máximos del M-19, las FARC, el ELN y el EPL. Decenas de periodistas buscaron afanosamente cupos para viajar a España. La expectativa de la opinión pública aumentó el viernes, cuando El Tiempo publicó con grandes titulares una historia según la cual "en cualquier momento de hoy viernes o mañana sábado se puede producir un encuentro entre el Presidente Betancur y la plana mayor del M-19 y de las FARC, para firmar un documento entre el gobierno y la guerrilla". A todas éstas, el Ministro Bernardo Ramírez trataba desesperadamente de localizar a Betancur en Roma, pero sólo logró comunicarse con él en Bruselas, después de una cena con el rey Balduino. B.B., alarmado, pensó entonces que la entrevista se iba a malograr. Llamó inmediatamente a Felipe González, quien le informó que Ivan Marino y Fayad no habían llegado aún a Madrid pero que él personalmente estaría pendiente para manifestarles que Betancur seguía firme en su propósito de verlos.

Miembros de la seguridad española que los recibieron en el aeropuerto así se lo hicieron saber y les aclararon que B.B. estaba sumamente molesto por la filtración de la noticia. Ya en la casa particular donde estaban alojados Fayad e Ivan Marino, sintonizaron el radio en el momento en que Betancur, evidentemente buscando la manera de hacerles llegar una suerte de mensaje cifrado a los guerrilleros para ratificarles su intención de verlos, le contestaba a una periodista alemana que le preguntaba sobre el posible encuentro: "yo no los he visto, pero me gustaría verlos y si usted sabe dónde están me gustaría que me lo dijera". Los del M-19 supieron entonces que la entrevista se haría.

Por su parte, al llegar B.B. a Madrid se encontró con Felipe González quien le informó que tenía la situación bajo control y que, por razones de simple precaución, era necesario cambiar el lugar y la hora de la reunión.

CUATRO DEDOS DE WHISKY 

A la noche, Betancur asistió con su familia a la cena ofrecida por los reyes de España en la cual Felipe González, al ver que se estaba prolongando más de lo programado, hizo apurar el café. B. B. se retiró con su familia y el Jefe de la Casa Militar a El Pardo. Cuando ya todos dormían, vino a buscarlo Julio Feo, el secretario privado de Felipe González, y Betancur salió a la calle de frac pero con la camisa abierta y sin corbatín. Estaba listo el Rolls Royce que le habían asignado para transportarlo, pero B.B. le dijo a Feo: "Esto se va a notar mucho, mejor me voy contigo". Procedió a montarse en un vehículo manejado por Feo con un escolta atrás. Allí supo que la reunión sería en casa de Feo, al norte de Madrid, bastante lejos de El Pardo. Llegaron a la una de la mañana. Se trataba de un chalet de un barrio de clase media. El vecindario, normalmente desierto a esa hora, estaba lleno de gente que discutia sobre fútbol en las esquinas. Eran agentes de la seguridad española que realizaban labores de vigilancia. Betancur fue instalado en un pequeño cuarto en el fondo de la casa, donde minutos después entraron Marino y Fayad.

Aunque muy poco se sabe del contenido del diálogo que sostuvieron, SEMANA se enteró de algunas anécdotas de la reunión. El Presidente quien se encontraba muy cansado, pidió whisky y Feo le trajo la única reserva que le quedaba en la casa, una botella con cuatro dedos que se repartieron equitativamente entre los tres hombres. Al final de la reunión, quisieron dejar un testimonio gráfico del encuentro. Le solicitaron a Feo una cámara y éste, pasando el segundo "sofocón" de la noche, tuvo que decirles que ni tenía una ni podía conseguirla.

A las 3:45 de la madrugada, el Presidente Betancur interrumpió la conversación: "Estoy muy cansado, dijo, comprendan que vengo de un viaje muy largo". Ivan Marino le contestó: "Imagínese yo que vengo del Caquetá".

El encuentro histórico de Betancur y los máximos líderes del M-19 que por un pelo estuvo a punto de frustrarse, se llevó a cabo apaciblemente y en términos que los tres participantes coincidieron en calificar de "cordial" .--


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